No es la primera persona que se me cae del pedestal, ese donde tengo a mis seres amados intocables, casi venerados, pero, a diferencia de otras veces, esta vez dolió como nunca. Ese agujero en mi pecho que creía haber cerrado sintió nuevas y dolorosas punzadas, ahí donde más duele, donde dormían todos mis miedos... hasta hoy. Claro, dormían, en ningún momento murieron, hoy tenían que despertar.
¿Qué puedo hacer?
¿Qué puedo hacer?
Llegó la hora de decir ADIOS.
0 Comentarios:
Publicar un comentario en la entrada