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Estoy a cuatro horas de verte, después de dos semanas en donde los minutos parecían años. Los nervios están vivos como esa frío sábado de abril cuando por primera vez fui por ti. No sé qué pasará, no sé qué te diré ni qué me dirás, sólo quiero verte y volver a encontrar en tus ojos esa mirada tan sincera porque aun mantengo la esperanza viva de que yo no los maquillé sino que siempre existieron.
Eso, desde el día en que no estas vi la noche llegar mucho antes de las seis.
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